Redacción Canal Abierto | Se trata del proceso con mayor cantidad de víctimas que revisa lo sucedido en uno de los más grandes centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico militar. “Todos los casos están probados”, señaló Carlos Loza, integrante de la Comisión de Ex Detenidos Desaparecidos.

Este 13 de agosto arrancó el cuarto juicio contra genocidas de la ESMA. El proceso aborda los casos de más de 800 víctimas de delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó durante la última dictadura cívico-militar. Están acusados diez represores, integrantes de esa fuerza, de la Policía Federal, el Batallón 601 del Ejército.

Tras dos postergaciones, el juicio está a cargo del Tribunal Oral Federal en lo Criminal Nº 5, integrado por Daniel Obligado, Adriana Palliotti y Gabriela López Iñíguez. El juez sustituto será Javier Ríos. Las audiencias se desarrollan en los Tribunales de Av. Comodoro Py 2002, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

De los diez imputados, la mitad goza de la prisión domiciliaria, y uno de los represores, Claudio Vallejos se encuentra prófugo de la justicia, por lo que el tribunal ya ordenó su captura. El ex integrante del Servicio de Inteligencia Naval está acusado del secuestro de un pianista brasileño que tocaba con Vinicius de Moraes. También habría participado del asesinato de cinco sacerdotes y seminaristas en la Iglesia de San Patricio.

 

“Es una causa del presente, no del pasado”, señaló Carlos Loza, integrante de la Comisión de Ex Detenidos Desaparecidos, en diálogo con el programa radial Sobre la Hora. “La pata civil del genocidio durante la última dictadura fueron las empresas que hoy figuran en los famosos cuadernos: es decir, Techint, Pescarmona, Socma. Ellos fueron los beneficiarios de aquella masacre que permitió el saqueo posterior”.

Antes delegado en la Administración General de Puertos, a los 23 años Loza fue secuestrado. Estuvo privado de su libertad en la ESMA durante 21 días. “Durante ese tiempo, entre quienes estábamos allí, nos prometíamos que el que pudiera salir iba a contar ese horro”, contó.

“En caso de ser condenados, estaríamos hablando de nuevos genocidas tras las rejas”, explicó.

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