Adriana Sosa, una de las directoras del documental “Embutes”, dialogó en Sobre la Hora sobre su realización e hizo un repaso histórico para entender el origen de su película. “Hay que seguir sosteniendo viva la memoria” afirmó.

El ‘embute’ es una palabra que se usaba en la militancia de los ’70 como una derivación lufarda de algo que está escondido, metido dentro de otra cosa” y por ello, el documental rescata las historia de tres casas que dentro tenían escondidos elementos de militancia.

La casa del hijo de Chicha Mariani es la más conocida” afirmó, en referencia a la casa Mariani-Teruggi donde se imprimía la revista Evita Montonera: “El embute consistía en una falsa medianera escondida atrás de un criadero de conejos” y tenía aproximadamente un metro de ancho. Otra de las casas protagonistas, tenía un embute en el piso del patio, “donde se hacía documentación para la gente que tenía que salir exiliada“. “Y en la tercer casa, que es de la que no hay recuerdos” porque fue alquilada, “el embute estaba ella en el cielo raso“.

En ese momento yo pensaba ‘no sé si volver sobre estos temas, que ya están tan hablados’, hasta que llegó el gobierno de Macri, un cambio de paradigma con las políticas de DDHH, hasta que llegó la duda de cuántos eran, como si hubiera que contarlos a los desaparecidos, todo ese nuevo paradigma que se pretendió instalar, y ahí dijimos, ‘Esto hay que hacerlo’. Pequé de ingenua pensando que eran temas que ya estaban cerrados

En la película intentan rescatar desde la mirada de los sobrevivientes, pese al paso de los años: “quiénes eran las personas que vivían ahí, qué anhelos tenían, qué les gustaba, qué no les gustaba, cómo se conocieron las parejas. Y después vamos pasando la historia de las casas hasta lo que son hoy, que son espacios de memoria, y que a pesar de la ferocidad de los ataques, fueron ataques muy feroces, esas casas siguen contando la historia y siguen vivas”.

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