La abogada y referente de la fundación «Pelota de Trapo» Laura Taffetani analizó los índices difundidos por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA sobre pobreza, hambre y trabajo infantil. Criticó que «los números se manejan en una superficie y en indicadores que hablan de una cuestión coyuntural» pero no profundizan sobre lo estructural.

En momentos de crisis, los sectores populares son los que más sufren y se encuentran más vulnerables, y que «por supuesto queda fuera del contrato social y en ese sector, los niños y las niñas«. «Es sabido que de una mamá desnutrida va a nacer un niño va a nacer mucho más denutrido» remarcó.

«Pero lo que si es grave son dos aspectos, uno que estamos hablando de la cuarta o quinta generación de familias, que no son dos o tres, sino estamos hablando de millones de personas quehan ido creciendo en estas cuatro últimas décadas y no ha dejado de crecer, o sea, cuando uno ve la brecha entre ricos y pobres, esa es la verdadera brecha que a uno le puede significar realmente lo que ha venido sucediendo. Y cada generación que se fue sucediendo fue generando menos anticuerpos, menos posibilidades de poder afrontar estas crisis»

Esto genera situaciones que se naturalizan y que son «muy complejas de manejar» porque no solo se refieren a la falta de dinero, sino a la falta de capital social: «puede suceder que un niño meta los dedos en el enchufe y que esa mamá no tenga dimensión de lo que ocurre» ejemplificó. «Esto es lo que coloca en mayor vulnerabilidad y que ningún número que no cuestione este sistema lo va a poder recoger».

«Además lo que ha tenido este capitalismo tan feroz, es generar la idea del individualismo tan extremo que ha roto los colectivos: el consumo, y el individualismo» que es un sistema de vida «que es lo que está produciendo nuestras muertes de los mejores sueños» reflexionó. En ese sentido, Taffetani aseguró que vivimos en «una sociedad que naturalizó la desigualdad» y se genera el conformismo y el abandono de esos sueños.

«Lo central acá es que nosotros nunca vamos a tener una niñez que realmente con posibilidades de crecer como corresponde si no se modifica de fondo un un sistema que ha decidido que millones de habitantes van a vivir en la exclusión absoluta mientras unos pocos se enriquecen. Y lo que no estamos pudiendo es ligarlo en la vida cotidiana que estamos llevando, lo que significa esto»

Y resaltó que se han perdido recursos «de una sociedad que fue más justa y que tenía una organización diferente», pero además se perdió el «sueño de transformarla». «Eso es algo letal» sobre todo para las juventudes: «la segunda causa de muerte de los adolescentes, salió hace poquito, es el suicidio«, un dato que le recordó a momentos atravesados durante la crisis de 2001.

«Hemos perdido la esperanza pero además nos creemos que no es posible, yo creo que eso es lo más difícil de poder manejar con estas cifras«, que la clase media puede afrontar con otras perspectivas de futuro, pero que «el pobre no».

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