Dario Pignotti, periodista y corresponsal de Página 12 en Brasil, explicó en Sobre la Hora la situación en el vecino país donde las fuerzas de seguridad están habilitadas para matar por decreto, y por los dichos del Ministro de Economía, Pablo Guedes, sobre la instauración de medidas de la dictadura. «Este es el Brasil que desde hace muchos meses camina hacia una especie de deriva post-democrática» indicó.

Brasil tiene una suerte de gran proceso de declinación democrática desde hace por lo menos 11 meses cuando fue Jair Bolsonaro puesto en el cargo, y ya a poco de asumir dijo que su misión era acabar con el socialismo que había gobernado en los últimos años, y de declararle la guerra a todos aquellos que se opusieran a los principios de la familia, y de los valores tradicionales. Bolsonaro no hace de este discurso una retórica sino una estrategia y su plan es a fuerza de iniciativas, de proyectos de ley, de movilizaciones militares, de presiones, el de ir deshidratando la democracia.

Guedes, aseguró en Washington que ante las protestas callejeras en el país, no hay que «asustarse» si se solicita el Acta Institucional número 5 (AI-5), fundacional de la dictadura militar en el ’68, mediante la cual se cerró el Congreso y se suspendieron las garantías constitucionales.

Al respecto, Pignotti remarcó que «no hay dudas de que el presidente lo envió para que dijera esto», un día después de aprobar el decreto para que las manifestaciones puedan ser reprimidas y «en ese mismo proyecto se contempla que si hubiera manifestantes muertos, los soldados o policías culpables del asesinato deben ser exculpados».

«Es cierto que hay voces disidentes, pero hay mucho miedo en Brasil, es decir, quien pudiera desafiar a Bolsonaro, y también con ello a las Fuerzas Armadas, y también a las Fuerzas paramilitares o milicias, sabe a lo que se está exponiendo» ya que han asesinado cerca de 10 dirigentes políticos en los últimos cuatro meses, sin contar la creciente represión en las calles. «En Brasil, disentir, te puede costar la vida» subrayó.

Hasta el 8 de Noviembre, cuando liberaron al ex presidente Lula da Silva, no había debates ni un antagonista fuerte al Presidente Bolsonaro: «Era prácticamente un monólogo en el que él hacía o decidía algo y todo se reumía o a respaldarlo o a simular formas bastantes tibias de posición» y «todo se resumía a disputas entre la extrema derecha y la derecha». La reaparición de Lula como conductor de la oposición fue lo que llevó entonces, al recrudecimiento no solo de los dichos, sino de las medidas antidemocráticas del gobierno.

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