Sobre la Hora conversó con el director de Roslik  y el pueblo de las caras sospechosamente rusas, Julian Goyoaga, el documental sobre la vida de la última víctima de la Dictadora Militar Uruguaya que  llega al Cine Gaumont.

“Era descendiente ruso y eso le terminó costando la vida, porque en la época de la Guerra Fría, en la época de la dictadura, ser descendiente de ruso equivalía a ser comunista” comentó.

El doctor Vladimir Roslik había nacido y vivido en una colonia rusa en Uruguay. Su caso fue uno de los más resonantes en la última dictadura militar, por la investigación y la insistencia de su esposa y su hijo. “Y todavía la búsqueda de justicia porque todavía no se han juzgado a los criminales que hicieron el asesinato” comentó el cineasta, ya que los militares dijeron que fue un paro cardíaco “y las autopsias dijeron que fue una muerte por tortura”.

Cuando mucha gente dice que hay que dar vuelta la página, que hay que seguir hacia adelante, en realidad cómo hacerlo” se preguntó, ya que en Uruguay se dictó la Ley de Caducidad, que fue derogada en 2011 y por la cual “No se ha podido investigar y juzgar a un montón de militares que son responsables de crímenes de lesa humanidad cometidos en la dictadura, entonces es una herida abierta que está presente hasta hoy” remarcó.

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